Patria - Metros Ligeros de Madrid - ML1

Patria - Metros Ligeros de Madrid - ML1

Para facilitar la búsqueda puedes indicar si se trata de una calle, restaurante, colegio, centro sanitario, etc.

Home > Relato > Patria

LECTURAS

Pasa un buen viaje disfrutando de los relatos que te proponemos. Además, si quieres puedes enviarnos tu relato y lo pubicarremos para que otros viajeros disfruten contigo.

Patria

Fernando Aramburu

5 minutos

Descarga este relato para poder seguir leyendo sin conexión

A la altura del portal número 7 había explotado el escúter, ¿Manolo? No lo veía. Sí al escolta, sentado en el suelp, la espalda recostada contra un coche, la cara ennegrecida. Vehículos dañados. Un momento espeso, humeante silencio. Y luego las primeras voces, unos gritos de mujer, gente (vecinos) que se acercba a mirar/socorrer. 

¿Y Manolo? 

Ahí. ¿Dónde? Entre dos coches, tendido sobre su prpia sangre, mucha sangre. Negro por la explosión, que al parecer lo había alcanzado de lleno. Casi desnudo, con sólo la ropa interior y los zapatos. En una muñeca se le veía el reloj. Y elpan que acababa de compara, partido por la mitad. 

Con el niño en brazo, no mires, no mires, a Guillermo no le quedó más reedio que pasar cerca del lugar de los destrozos y del muerto y del escolta sentado en el suelo antes de que llegara la policía y la calle fuese acordonada.

– ¿Has mirado? Dime la verdad.

– No, aita.

¿Me lo juras?

– No he visto nada.

Por el camino se encontró con Arantxa, que venía a toda prisa con ojos alarmados.

– ¿Estáis bien?¿Qué a ocurrido?

– Manolo.

–¿Eh?

– Manolo.

– Abría la boca y solo le salía eso: Manolo.

– ¿Manolo Zamarreño?

– Asistió, con el niño aún en brazos. No hicieron falta explicaciones. Arantxa, gesto de estupor, se golpeó la frente con la palma de la mano. Y ya no hablaron más. Apresurados, subieron a su vivienda, donde ella, en su ataca de pánico, había dejado la plancha encendida y a la niña sola. No tardo en ulular, lejos, cada vez más cerca, ya dentro del barrio, la primera sirena.

A todo esto, sonó el teléfono. Angelita. Que qué ha pasado.

Menudo estruendo. Arantxa, los niños delante, le contó sin contar, le dijo sin decir, pero diciéndole que no estaba sola, y su suegra, haciéndose cargo de la situación, le asegurón que había comprendido.

Guillermo instaló su enojo/indignación en la cocina como quien clava un poste en la tierra y de aquí no me mueven, sentado a la mesa con la cabeza entre las manos. El resto de la familia se retiró al cuarto de los niños.  ëstos siguieron a su madre en…

¡Comparte!

Esta página le interesa a tus amigos

Arriba